Pregón de Dña. Remedios Sanz Mullor.


  

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE 2005 DE CHINCHILLA.



        Distinguidas Autoridades, Sr. Presidente de la Junta de Cofradías, Sres. Presidentes de las Hermandades, señoras y señores.

      En primer lugar, quiero agradecer a la Junta de Cofradías el honor que me ha dispensado al nombrarme pregonera de la Semana Santa de Chinchilla, ya que es la primera vez que una mujer ha sido elegida para desempeñar este cometido.

      Al aceptar este nombramiento me invadió cierta preocupación, pensando en la responsabilidad que suponía y teniendo en cuenta las ilustres personalidades que me han precedido. Esta preocupación se fue desvaneciendo poco a poco, al recordar a las mujeres de nuestro pueblo. Si me habían elegido a mí para representarlas no las podía defraudar y con esta idea empecé a sentirme más tranquila.

      Haré mi disertación de una manera sencilla pero emotiva, apoyándome en mis recuerdos y en mis vivencias.

      Para mí nuestra Semana Santa, además de su significado religioso que yo vivo con mucha intensidad, la considero como una hija a la que entre todos le hemos dado vida, cuidado y alimentado. Ahora estamos muy orgullosos de verla desarrollada y hermosa y como buenos padres queremos enriquecerla cada año más para que obtenga en esta provincia el máximo reconocimiento.

      Pero no debemos olvidar que esta hija nuestra tan querida, ha pasado en su infancia y en su adolescencia, muchas dificultades.

      Recuerdo aquellos años de decadencia económica cuando no se podían reponer ni mejorar las ropas, ni las andas, ni tan siquiera comprar flores naturales para embellecer los pasos.

      Esta escasez de medios, apagaba la ilusión de mucha gente. Cada Hermandad la sostenían un redo número de cofrades, los más entusiastas, que no se resignaban, ni se avenían a aquella decadencia, presintiendo sin duda que las circunstancias mejorarían y nuestra Semana Santa llegaría a ser, grande y esplendorosa.

      Ahora todas estas dificultades se han superado; las Hermandades adquieren nuevas imágenes y embellecen los pasos. Los cofrades se hacen equipos nuevos y colaboran con su presencia y fervor.

      Ha sido un gran acierto crear la Junta de Cofradías, ya que gracias a élla se pueden coordinar todos los actos y poner en práctica las iniciativas que vayan surgiendo. Su labor ha sido decisiva para conseguir que nuestra Semana Santa tenga la categoría de “INTERÉS TURISTICO REGIONAL”.

      Nuestras Hermandades, no son simples asociaciones que durante una semana al año quieren exteriorizar la muerte y resurrección de Cristo. Entre sus asociados hay personas con una vida espiritual rica y las que lo hacen por tradición familiar, reviven en esos días las enseñanzas que les inculcaron sus mayores.

      Los ensayos de las bandas y las comidas de las Hermandades, fomentan una sana convivencia entre todos los cofrades y surgen excelentes amistades que perduran toda la vida.

      ¿Quién no recuerda las comidas de hermandad en los pinos del Tejar?

      Allí se han realizado las más sanas y amenas diversiones, en un plano de igualdad, al tiempo que se saboreaban los típicos gazpachos manchegos y las sabrosas carnes de la tierra.

      En nuestras conmemoraciones, hay varios actos singulares, que anuncian la pasión y muerte de Jesús, ya que todos se realizan durante la Cuaresma. Y es que nada dejamos a la improvisación.

      Las bandas de cornetas y tambores, cuando llega este tiempo, comienzan ya sus ensayos. Para mí es un gozo, ver como sus componentes, mayores y pequeños, preparan noche tras noche las marchas procesionales, hasta que salen a la perfección.

      También quiero manifestar mi admiración por ese grupo de hombres que con un tesón extraordinario, llevan cincuenta años, tocando o acompañando las bocinas todos los sábados de Cuaresma y a pesar de las inclemencias del tiempo. Ésto lo he vivido muy de cerca y no quiero citar nombres por si se me olvida alguno, pero que sepan que su recuerdo lo llevo en mi corazón. Los he visto regresar, año tras año, tiritando de frío pero contentos de haber llevado su mensaje, hasta las calles más empinadas y recónditas del pueblo.


      Estos originales instrumentos, nos invitan con su sonido plañidero, a sosegar más nuestras vidas y a vivir más acorde con las fechas que se aproximan.

      Por su antigüedad y especial sonido, revisten a nuestra Semana Santa, de un matiz muy peculiar.

      Las Bocinas pasaban desapercibidas, y ahora que han sido descubiertas, gentes de todos los lugares se interesan por su significado y vienen los sábados de Cuaresma, a escuchar sus conmovedores lamentos.

Yo así las he cantado:

Las bocinas durante la cuaresma
esparcen su sonido plañidero,
invitando las noches de los sábados
a vivir un ambiente más sereno.

Su impresionante canto nos recuerda,
que se aproximan trágicos momentos,
Jesús con su pasión y con su muerte,
nos llenará de fe y de sentimiento.

Cuatro siglos de historia las refrendan,
su son acompañó a nuestros ancestros
y siguen transmitiendo su mensaje,
por las calles recónditas del pueblo.

La Hermandad del Cristo de la Agonía,
con esfuerzo y tesón las ha repuesto
y estas joyas que dan fama a Chinchilla,
no serán silenciadas por el tiempo.

Seguirán paseando por las calles,
a pesar de que el frío sea intenso,
rodeadas de gente que las sigue
y que oye emocionada sus lamentos.


      Hay un trabajo anónimo que en nuestra Semana Santa realizamos todas las mujeres de Chinchilla, y que yo quiero resaltar.

      Las vísperas de la fiesta, ya se vislumbran en nuestras casas, acontecimientos extraordinarios. Sacamos de los baúles las ropas de los nazarenos, las planchamos con esmero y las disponemos para que nuestros maridos e hijos, las luzcan en las procesiones.

      Las comidas, para las señoras, en estos días, también nos supone un capítulo relevante. Programamos el menú y lo vamos preparando con antelación.

      Los potajes con rellenos, las empanadillas, los mojes, las croquetas, los “rollicos” fritos, las fritillas, etc. van saliendo con mimo de nuestras manos, junto con otros guisos más suculentos y sofisticados.

      En los ratos libres pintamos y confeccionamos colgaduras con los emblemas y colores de las Hermandades, para adornar los balcones de nuestras viviendas y cuando todo en casa está dispuesto, muchas de nosotras, nos vestimos de manolas o de nazarenas y las que no lo hacemos, nos apresuramos a ocupar algún estratégico lugar, donde se vea bien la procesión.

      Creo que esta colaboración femenina, es muy valiosa, y aunque anónima, merece reconocimiento.

      Y una vez que hemos realzado algunos actos de los que se celebran en la Cuaresma, pasaremos a ensalzar los más representativos de nuestra Semana Santa.

      El bonito entorno de nuestra Ciudad, sus monumentos y sus calles empinadas y angostas, son un marco incomparable para nuestras procesiones.

      Yo, esos días, los vivo con mucha intensidad y con mucha emoción y esos sentimientos me elevan y me impulsan a escribir poesías.

      Me imagino que nuestras calles se parecen a las de Jerusalén y que Jesús anda con la cruz a cuestas, para su crucifixión en el Calvario.

      A esta ensoñación mía, contribuyen muchas cosas en las que intervienen todos los chinchillanos, y aunque sea brevemente las voy a reseñar.

      La procesión infantil que desde hace algunos años, realizan nuestros niños, es tan pintoresca y bonita, que nos enternece a todos. D. Sebastián, va adquiriendo cada año nuevas imágenes y creo que ya tienen tantos pasos, como los mayores. Resulta muy hermoso ver desfilar a tantos pequeños, con la ropa de sus Cofradías y llevando a hombros las diminutas imágenes. ¡Éstos niños, cuando sean adultos, no cabe duda, serán buenos cofrades!

      ¡La Cofradía de San Juan! ¡Con qué dignidad desfilan los cerámicos y llevan al Apóstol siguiendo la huella de su maestro! Con sus túnicas blancas y sus capas y capuces verdes, crean un bonito conjunto, que yo siempre he admirado.
Su banda, ensayaba junto a mi casa y he compartido con éllos, durante muchos años, el redoblar de sus tambores y el estrepitoso sonido de sus cornetas. Aún me parece que estoy viendo a Manuel Calonge del Rey, “El Guardia”, dirigiendo los ensayos.

      La Hermandad de la Sangre, cuando lleva a la Virgen de los Dolores, en busca de su divino hijo, me emociona y su bello rostro, me transmite la amargura de su corazón. Sus nazarenos visten con pulcritud sus atuendos rojos y azules y sé que se esmeran en cada detalle. No hay que olvidar que esta Cofradía tiene mucha solera, ya que es la más antigua de todas.

      El recuerdo de Sebastián, también se me hace patente, cuando la veo desfilar.

      ¿Qué voy a decir de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús, cariñosamente llamada de “Los Moraos”, si es la que más nazarenos tiene?

      Sus túnicas moradas, sus numerosos pasos, el Ecce Homo, Jesús con la Cruz a cuestas, la Verónica, el Cristo de la Misericordia, la Virgen del Rosario y el Resucitado, contribuyen de una manera extraordinaria al embellecimiento de nuestras procesiones.

      Los cantos de la Pasión que sus niños y jóvenes interpretan en el Encuentro, son una de las representaciones más emblemáticas de nuestra Semana Mayor. Cuando los oigo, me conmueven extraordinariamente.

      Siempre recordaremos a Eduardo, enseñando a estos niños.

      Mi emoción va en aumento, cuando pasa la Hermandad de las Angustias, con su bonita imagen. ¡María, con su divino hijo muerto entre sus brazos, aflige mi corazón! Lleva la angustia, reflejada en su semblante y puñales clavados en su pecho!

      Esta Cofradía, que fundaron los de Aviación, con sus túnicas azules y sus capas doradas, resulta muy elegante.

      La imagen de María Magdalena, por su belleza y espléndidos trajes, ha enriquecido también nuestras procesiones y resulta muy original que la lleven a hombros, las nazarenas.

      Yo saludo a la Virgen, con este soneto:

Un soneto de amor quiero ofrecerte
que alivie tu dolor, Virgen María,
en este turbulento y acerbo día
en que tu hijo, Jesús, reo es de muerte.
A pesar de tu angustia te haces fuerte,
le sigues al Calvario ¡madre mía!
y presencias su trágica agonía
en la cruz, abrazándole ya inerte.

Tu corazón roído por la pena,
le ha seguido en silencio a todas partes.
¡Cuánta tristeza en tu alma, Virgen buena!
¡Qué ejemplo de humildad al mundo impartes!
Quisiera compartir hoy, tu amargura
y trocar tu dolor en gran dulzura.


      Y llegamos a la Hermandad del Cristo de la Agonía y Santo Entierro.

      Aunque no quiera, los recuerdos acuden con fuerza a mi mente, cuando intento evocar a los romanos. La presencia de mi marido se hace casi real. Como saben, los equipos se guardaban en mi casa y él se preocupaba de que todo estuviera limpio y reluciente. En las procesiones, era muy exigente con los que se vestían y le agradaba que desfilarán con marcialidad.

      Estos 25 soldados romanos, con sus uniformes, sus cascos y sus picas, dan una vistosidad extraordinaria a nuestros desfiles y procesiones.

      Al nombrar a los romanos, Pelayo, Jesús Requena y mi marido, aparecen entrelazados en mis recuerdos.

      Esta Hermandad del Cristo de la Agonía, con sus túnicas blancas y sus capas y capuces rojos, resulta muy atractiva. Los trajes de “sota” que visten los componentes de su banda, tienen un encanto especial y sobresalen armoniosamente, entre las filas de los nazarenos.

      Cuando en el silencio de la noche, esta Cofradía, saca a Jesucristo agonizante en la Cruz, se conmueve todo Chinchilla y le acompañamos en su recorrido, compungidos y silenciosos.

      El Viernes Santo, esta Hermandad, cambia sus atuendos rojos por otros blancos y negros lo mismo que las galas de sus cornetas y tambores. Acompaña al Santo Sepulcro, en una solemne procesión. Jesús yace muerto y nuestro corazón se siente más desolado que nunca. ¡Se ha apagado el sol más reluciente del universo!

      Al paso de la comitiva, la gente se estremece y reza.

      Los apóstoles, siguen el féretro de su maestro acongojados, tristes, mientras una saeta rompe el silencio de la noche.
Con los apóstoles, se han completado en nuestras procesiones, las figuras más importantes de la vida de Jesús. Sus componentes, por su físico y su indumentaria, crean una imagen muy real.

      Al verlos, siempre recordaremos a Amaro.

      Y a mí, Jesús muerto en el sepulcro, me inspira este soneto:

La cabeza sangrante, dolorida,
en rústico madero atormentado
y el inocente cuerpo fragelado
recorres nuestras calles hoy, sin vida.
¡Señor! Tú que has amado sin medida
y a tantos desahuciados has curado,
Tú que a los muertos has resucitado,
¿por qué no confundiste al homicida?

Aceptaste el martirio silencioso
y estremeciste al mundo con tu muerte…
¡Viernes Santo! Funesto y triste día
en que el sol más brillante y portentoso
en pétreo sepulcro yace inerte,
y mi alma llena de melancolía.

      Y siguiendo el féretro de Jesucristo, va la Cofradía de la Soledad. Esta Hermandad, acompaña a su preciosa Virgen con un fervor y un respeto extraordinarios. María, enlutada y triste, a todos nos conmueve. ¡No hay pena más amarga que su pena! ¡Lleva espadas clavadas en su pecho!

      Los cofrades, con sus atuendos negros, resultan sobrios y muy elegante y le dan a sus filas, un sello de distinción.
Siempre que los veo desfilar, me acuerdo de Baltasar Madrona “ Pavera” ¡con qué arrogancia llevaba la Cruz!

      Un nutrido grupo de manolas, ataviadas con traje y mantilla negros siguen a la Virgen de la Soledad, como si quisieran compartir con élla, la tristeza de su corazón.

      Y termina la solemne procesión del Santo Entierro, con una marcha fúnebre, que interpreta nuestra querida banda de música.

Pero para los católicos, la muerte no es el fin. Jesucristo resucitó, el tercer día de entre los muertos y en Chinchilla lo celebramos con mucho regocijo.

      Después de estos días de tanto sufrimiento, la Virgen vuelve a sonreir. Va en busca de su hijo; María Magdalena y San Juan, le acompañan.

      Jesús resucitado abraza a su madre y una enorme algarabía, resuena en la Plaza de la Mancha. La gente aplaude sin descanso mientras las bandas interpretan la Marcha Real. Un grupo de palomas levantan el vuelo y las capas enlutadas de los nazarenos, se vuelven blancas como la nieve.

      Yo también me emociono y escribo este poema:

¡Aleluya, está la muerte ya vencida!
¡Jesús del sepulcro ha salido ya!
Y suenan cornetas y se oyen tambores,
celebrando el triunfo de la claridad.

Avanza contenta la Virgen María,
ya la Magdalena viene con San Juan
buscando el abrazo divino y humano
de su amado Hijo, del Dios eternal.

Sus ojos se cruzan, la madre sonríe,
aplaude la gente ¡momento crucial!
Se cumplen promesas ¡Ha resucitado!
Sones de alegría, invaden la ciudad.

      Y con esta rápida descripción de los principales actos de nuestra Semana Santa, hemos podido comprobar la belleza que de todos éllos se desprende y el fervor que despiertan sus procesiones.

      Como pregonera de este año 2OO5, quiero terminar mi intervención con dos mensajes:

      El primero dirigido a todos los forasteros que en esta Semana Santa nos visitan. Les aseguro que pasarán unos días de muchísima emoción y otros de regocijo y alegría.

      Mi segundo mensaje, es para todos los chinchillanos y chinchillanas. Que continuemos colaborando con la Junta de cofradías y con las Hermandades, para que nuestra Semana Santa, sea cada año, más conocida y esplendorosa.

¡Feliz Semana Santa y un abrazo para todos! Muchas gracias.