Pregón de D. José Luis Teruel Briones
Jefe de Sección de Nefrología del 
Hospital Ramón y Cajal de Madrid.


  

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE CHINCHILLA 2003



LA SEMANA SANTA COMO MODELO DE CONVIVENCIA


      Autoridades, Presidente de la Junta de Cofradías de Chinchilla, Presidentes de las diversas Cofradías y Hermandades, miembros de la Junta de Cofradías de Albacete, Tarazona y Cieza, queridos cofrades y amigos.


      El hombre siempre ha sentido una especial fascinación por la luna llena. Y de todas las lunas llenas, la más celebrada fue la primera luna llena de primavera. Prácticamente todas las civilizaciones de la antigüedad tenían festividades coincidiendo con dicho periodo. 


      Y actualmente, en España, durante la primera luna llena de la primavera, es posible presenciar en muchos pueblos y ciudades un fenómeno muy curioso: numerosos hombres y mujeres, vestidos con túnicas y altos caperuzos, desfilan por las calles portando unas imágenes, a un ritmo lento, muy lento, marcado por un tambor. 


      Este espectáculo insólito, imponente y sobrecogedor que es el desfile procesional constituye la manifestación externa más relevante del conjunto de actos que se celebran durante los días de una semana, que recibe el nombre de Semana Santa, y que coincide exactamente con la primera luna llena de la primavera.


      La Semana Santa es la conmemoración de un acontecimiento que sucedió hace casi dos mil años en Palestina: la Pasión de Cristo, y su símbolo es la Cruz. Es el gran misterio de un Dios que se hizo hombre, que nos dio una nueva ley y que decidió morir para redimir a la humanidad. Su doctrina basada en el amor, la mansedumbre y la tolerancia, resalta especialmente en estos días de odio y guerra, de dolor, muerte y destrucción.


      La Pasión de Cristo representa uno de los aspectos fundamentales de la religión cristiana. Todas las iglesias cristianas: ortodoxos, católicos y protestantes, la rememoran de una forma u otra con actos religiosos, y consideran estos días como días propios de meditación y recogimiento.


      Pero para los católicos, esta forma íntima de celebrar la Semana Santa no es suficiente. No basta con hacer una confesión interna de la fe sino que hay que realizar una manifestación externa de nuestras creencias. Y lo hacemos sacando las imágenes a la calle mediante esta representación espectacular que es el desfile procesional. 


      La Semana Santa tienen un fundamento religioso, y sin él no tendría razón de ser. ¿Pero la Semana Santa queda circunscrita únicamente al ámbito religioso? ¿Es exclusivamente una manifestación de devoción popular? No. Además del componente religioso, nuestra Semana Santa es un acontecimiento social en el que se dan unas connotaciones de camaradería y amistad, de ilusión colectiva y de unión, de rito y de tradición, que me resulta difícil encontrar otro ejemplo similar. 


      Para hablar del aspecto religioso de la Semana Santa hay personas que están mucho más cualificadas que yo. Y no me voy a referir a él. Sí que quiero hacer unas reflexiones sobre el fenómeno social de la Semana Santa, sobre el modelo de convivencia que se establece en estos días y sobre el efecto beneficioso que una actividad colectiva de este tipo tiene para el conjunto de la comunidad.


      Para la celebración de la Semana Santa, la Iglesia necesita de la colaboración de la sociedad civil, de los seglares. Y los seglares que somos todos nosotros, participamos en la Semana Santa, no de forma individual, sino a través de unas agrupaciones que son la Cofradías de Semana Santa. Y nosotros tenemos siete: las seis cofradías tradicionales y los entrañables Apóstoles que no hay que olvidarse de ellos. 


      Las Cofradías son unas agrupaciones muy peculiares. Están constituidas por un grupo de personas que en un plano de igualdad se reúnen con un objetivo común: participar juntos en la Semana Santa, convirtiéndose además en depositarias de ritos y tradiciones. 

                   LA COFRADÍA ES UNA ASOCIACIÓN ENTRE IGUALES

      Su nombre ya es muy sugerente: Cofradía, que significa Hermandad. Este nombre ya expresa claramente el tipo de relación que debe existir entre sus miembros. Los socios de una cofradía nos llamamos hermanos y el más respetado es nuestro Hermano Mayor.


      Una Cofradía está formada por personas de profesión, condición social, e ideología muy distintas. Pero dentro de la Cofradía todos somos iguales y todos asumimos esa igualdad. 


      Hay miembros de una Cofradía que posiblemente no se hubieran relacionado si no fuera por la misma y sin embargo gracias a la Semana Santa se conocen y se respetan. A partir de ese momento nadie de mi Cofradía me debe resultar indiferente. Y cuando dos cofrades se crucen por la calle pensarán uno de otro: ese es de mi Cofradía. Sin darnos cuenta se ha creado entre nosotros un lazo que nos une. La Cofradía facilita la comunicación entre personas diferentes, y potencia la cohesión de la comunidad.




      LA COFRADÍA ES UN EJEMPLO DE PARTICIPACIÓN COLECTIVA 

      La Cofradía responde al deseo de participar junto a los demás y noy no es una institución propicia para ejerla vanidad personal. Desde el anonimato que supone el desfile con la cara oculta los cofrades participan de una ilusión común en la que no se trabaja por el lucimiento personal sino por el lucimiento del conjunto. El protagonismo es para la Cofradía, no para el individuo. Porque solos nos somos nada, y con los demás lo somos todo. Y todos los cofrades lo saben, y todos contribuyen a ese objetivo común. 

      La Cofradía proporciona humildad y es una buena medida contra la soberbia.


      LA COFRADÍA ES UN MODELO DE AGRUPACIÓN
 GENEROSA Y DESINTERESADA


      Entre los fines de una Cofradía no está la obtención de un beneficio   material. Ninguno de los miembros de una Cofradía pertenece a ella por un interés económico. 


      La Semana Santa, tal como la conocemos, no podría existir si no fuera porque hay personas que a través de la Junta Directiva de cada Cofradía, de la Junta de Cofradías o a título personal, están trabajando a lo largo de todo el año de una forma desinteresada, incluso adelantando su propio dinero. Este esfuerzo pasa desapercibido. 


      El presupuesto económico de una Cofradía o de la Junta de Cofradías es una cantidad ridícula. En el mundo actual, de grandes presupuestos para hacer pequeñas obras, resulta sorprendente que con tan poco dinero se hagan tantas cosas. Esto es posible porque la falta de medios económicos se suple con la ilusión y el esfuerzo generoso de unas personas cuyo reconocimiento siempre es inferior a sus méritos. 
      La Semana Santa es contraria al egoísmo.
            

LAS COFRADÍAS SON ASOCIACIONES QUE 
FOMENTAN LA TOLERANCIA


      La Semana Santa da la oportunidad de participar a todo el mundo. Una Cofradía admite a miembros que no sean creyentes siempre que sean respetuosos con los sentimientos de los demás. 


      La Cofradía no excluye a nadie: todos conocemos casos de personas, con dificultades de relación, que incluso durante el resto del año pueden estar algo marginadas y que durante la Semana Santa se incorporan al esfuerzo colectivo y consiguen una integración plena con el resto de la sociedad. 


      Una Cofradía no rechaza a miembros de otra Cofradía, al contrario son aceptados con agrado. Porque entre las Cofradías hay rivalidad, pero es una rivalidad sana, es una rivalidad que supone un estímulo de superación. Es una rivalidad sin rivales. Porque entre cofrades no hay contrarios. Todos estamos unidos por ese ideal común que es el éxito de la Semana Santa. Siempre se valora el buen hacer de otra Cofradía, pero jamás se envidia. Es difícil encontrar otro ejemplo de tolerancia y camaradería.


      La participación en la Semana Santa es un buen tratamiento para combatir el aislamiento y la marginación.


   LA COFRADÍA Y LA SEMANA SANTA FACILITAN EL REENCUENTRO

      La Semana Santa es una de las épocas del año en la que se produce el retorno de todos aquellos chinchillanos que se vieron en la necesidad de buscar un medio de vida fuera del pueblo. 


      Muchos regresamos en estas fechas a la llamada del tambor. La Cofradía y la participación en la Semana Santa son vínculos que nos unen al pueblo, que contribuyen a conservar nuestras señas de identidad, que nos mantiene fieles a nuestros orígenes y que nos permite el reencuentro con familiares y amigos. La Semana Santa es un buen remedio contra el olvido.

      LAS COFRADÍAS MANTIENEN LOS RITOS Y LAS TRADICIONES

      La palabra tradición siempre va unida a la Semana Santa. 


      Tradición es que el gusto por la Semana Santa se transmita de generación en generación. Mis primeros recuerdos de la Semana Santa se remontan a una época ya lejana en la que siendo muy pequeño desfilaba de la mano de mi abuelo Amaro en la Hermandad de los Apóstoles, de la cual en ocasiones él era el único componente. 


      Las vivencias de la infancia suelen quedar grabadas en la esfera del mundo afectivo y nos producen sentimientos que no se pueden explicar por las leyes de la razón. Por eso a las personas ajenas al pueblo les resulta difícil comprender el entusiasmo que nos produce la participación en la Semana Santa.


      Años después, me hice miembro de la Cofradía de la Virgen de la Soledad. Me apunté a ella, no porque sintiera una devoción especial por dicha Virgen, sino porque mi padre había sido de esa Cofradía, y mi padre perteneció a la misma por que su vez su padre también lo fue. Mis hijos son de la cofradía y ojalá algún día pueda ver a un nieto desfilar con mi túnica. 


      La ilusión por la Semana Santa, se transmite de padres a hijos y esta es la mejor garantía para su supervivencia. 


      Tradición es el reconocimiento al trabajo de los que nos precedieron. La Semana Santa, tal como la conocemos ahora, no la hemos hecho nosotros. Es el resultado del esfuerzo de muchas generaciones. Hay aspectos de nuestra Semana Santa, como la Pasión Cantada o el toque anunciador de las bocinas, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. 


      Otros componentes son debidos a generaciones más recientes. Gran mérito tuvo la generación que procedió a reconstituir las Cofradías en los años 50 tras el paréntesis de la Guerra Civil. A ella le debemos gran parte de la estructura actual de la Semana Santa. Todas estas generaciones previas fueron condicionando nuestra Semana Santa con una serie de características que le son propias, y que la diferencian de la Semana Santa de otras poblaciones de nuestro entorno. Nuestro deber es conservar esa herencia, pero también es nuestra obligación mejorarla para transmitir a la siguiente generación una Semana Santa mejor. Y para mejorar hay que hacer cambios. Y se han hecho. Se comenzó fundando una nueva Cofradía (la de la Virgen de las Angustias), cofradía que tiene un mérito extraordinario, pues siendo la más joven, alcanzó un desarrollo tan rápido, que desde el inicio pudo competir en situación de igualdad con las Cofradías veteranas. Posteriormente se introdujeron otras novedades: la lectura de la sentencia de Jesús, la procesión infantil, la recreación del Calvario, la tamborada, la banda de la Junta de Cofradías, nuevos piezas musicales, la actuación conjunta de todas las bandas el Domingo de Resurrección, pequeñas modificaciones en el recorrido. Unas innovaciones persisten y otras no. Pero todas han contribuido a que nuestra Semana Santa, siendo la misma, sea cada año distinta. 


      Nuestra Semana Santa está viviendo una época dorada y está muy arraigada. No hay que tener miedo a la introducción de cambios. La Semana Santa de Chinchilla tiene una característica que la hace inimitable: es una Semana Santa entre Murallas, y hay zonas del pueblo que son espectaculares para un itinerario procesional. En algún momento habrá que plantearse un cambio en el recorrido. Porque respeto a la tradición no es sinónimo de inmovilismo ni de rutina.


      Y tradición también es el recuerdo de los que ya se fueron. ¡Cuántos de los que los que contribuyeron a nuestra Semana Santa ya no están aquí¡ ¡Cuántos nombres, cuantos amigos¡ Todos ellos vivieron la Semana Santa con gran ilusión, todos aportaron su grano de arena. Esta es una época propicia para su recuerdo. Yo estoy convencido que todos ellos están gozando de ese Cielo que nuestra religión promete a los justos, porque nadie que participe y que sienta la Semana Santa puede ser mala persona. En el más allá, ellos estarán celebrando otra Semana Santa, pero comprobarán con satisfacción como su obra continua, y también sentirán un estremecimiento cuando su Cofradía irrumpa en la Plaza con el estandarte desplegado al ritmo de la marcha rápida del tambor.

      Decía Ortega y Gasset que todas las sociedades llevan incorporadas tendencias que favorecen su desintegración, y nosotros estamos comprobando todos los días como se potencian más los aspectos que nos diferencian y separan que aquellos que nos unen. Sugería el filósofo español que una forma de contrarrestar estas tendencias destructivas era mediante la realización de actividades capaces de entusiasmar a una gran parte de la población. Nuestra Semana Santa es un magnífico ejemplo de este tipo de actividad en la que todo el pueblo está unido por una ilusión común. Porque en este mundo, en general poco solidario, resaltan mucho más los valores sociales de las Cofradías de Semana Santa en las que se fomenta la igualdad, la acción colectiva, la integración, la labor desinteresada, la unión de todos y el respeto y recuerdo de los que nos precedieron. 


      Todas ellas son virtudes cívicas, no son virtudes religiosas. Son valores de ciudadano que están en perfecta sintonía con aquella doctrina de amor y tolerancia que hace 2000 años predicaba Jesús de Nazaret. 

      Pero ya sobran las palabras porque queda muy poco para la primera luna llena de primavera.


¡Ramón!, ten presto a los apóstoles  ¡Paco, Félix, José, Miguel, Manolo, Pedro! que sois los presidentes de las seis Cofradías: preparad los últimos detalles y haced que las imágenes luzcan todo su esplendor. 
Que los cofrades saquen su túnica del arca, que tensen la piel de los tambores y que afinen las cornetas.


      Porque va a comenzar la Semana Santa de Chinchilla.


      Y vamos a convivir intensamente en estos días. Y vamos a repetir todos nuestros ritos: subastaremos los cetros, nos tomaremos el vaso de cuerva antes de comenzar la Procesión, desfilaremos hasta la Iglesia unidos y orgullosos, portaremos las imágenes por las calles angostas y empinadas, nos estremeceremos el Viernes Santo con el canto de la Pasión, y el Domingo de Resurrección tras acompañar a la Virgen del Rosario hasta su capilla, volveremos a la Plaza todos mezclados y con las capas intercambiadas y finalizaremos la Semana Santa en la Plaza con un abrazo colectivo. 


      Y todo esto lo vamos a hacer porque queremos hacerlo juntos, porque así lo sentimos, porque nos place. 


      Gracias a la Junta de Cofradías por haberme propuesto para hacer el pregón, gracias a Joaquín Gabriel por su inestimable ayuda, y gracias especialmente a todos vosotros, cofrades y amigos, por vuestra presencia y vuestra atención.


Comienza la Semana Santa del año 2003.


12 de abril de 2003