Pregón de 
D. Luis Guillermo García-Saúco Beléndez
Historiador. Miembro fundador del Instituto de Estudios Albacetenses.


  

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE CHINCHILLA. AÑO 2000



    Ilmo. Sr. Alcalde, dignísimas autoridades, Presidentes de las diversas Cofradías, querido pueblo de Chinchilla:
En primer lugar debo iniciar mis palabras con un término: Agradecimiento.
Agradecimiento por el honor de pregonar públicamente la llegada de la Semana Santa en esta ciudad, Chinchilla, de la que ya me considero parte integrante. Permítanme, pues, que llame nuestra Semana Santa y nuestra ciudad, pues ya considero propio lo que pudo en algún momento estar distante o lejano; así, desde lo cercano y de lo directo se acentúa el verdadero amor .
      Hecha esta advertencia vamos a iniciar un ejercicio, (y quizá en esto algo hay de deformación profesional), de nuestra memoria histórica y artística, precisamente en los momentos en que culminamos, en el año 2000, el segundo milenio de nuestra cultura occidental y cristiana y entramos en los umbrales del tercer milenio. En particular , vamos a ver un panorama, por supuesto superficial, de lo que fueron 0 pudieron ser, los últimos mil años, en los que lo histórico, lo artístico, lo sociológico ( en sus sentimientos religiosos) y nuestra ciudad de Chinchilla se entremezclan, todo con un fondo común: la rememoración de la Pasión, muerte y ante todo Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
        Así en nuestro paseo a través del tiempo y del espacio, hemos de conectar las grandes circunstancias históricas con los acontecimientos de lo que ha sido y es Chinchilla. Iniciamos nuestro recorrido del milenio en los albores del año 1000. Es precisamente, en torno a esa fecha cuando la Iglesia Romana unificará su liturgia, en cuyo papel tendrá mucho que ver la orden Benedictina. A la vez que esto ocurría la sociedad europea occidental y cristiana miraba aquel año con auténtico terror, se pensaba que el mundo llegaba a su fin y la mejor manera de afrontarlo era con la penitencia y la meditación del libro del Apocalipsis de San Juan. Ese sentido de penitencia llevó en muchas localidades a manifestarla públicamente con el ejemplo de la Pasión de Jesucristo; y así los caminos de Europa se vieron, a veces, recorridos por procesiones de disciplinantes que imploraban el perdón de Dios, tanto en el periodo cuaresmal como, naturalmente, en los días de Semana Santa.
       Pero en estos años nos debemos preguntar lo que ocurría en nuestro pueblo, en Chinchilla. Por entonces se desarrollaba el núcleo urbano de la Çinçiyala islámica, aunque sus orígenes eran anteriores. El Emirato de Córdoba daría paso, en el siglo XI, al Califato, y sin duda, la población más importante de toda la zona era Chinchilla, en su actual ubicación. El geógrafo Al-Idrisí hablaba de la importancia de sus tejidos. Existía una fortaleza musulmana, probablemente en la zona de Santa Ana y una mezquita en el mismo lugar que después fue ermita de Santa Catalina y unos baños que debemos recuperar para futuras generaciones y que ocultos se encuentran en la calle de Obra Pía.
       Tras diversos avatares y dependencias administrativas, Chinchilla seguía su discurrir en Al-Andalus hasta el siglo XIII, cada vez creciendo y desarrollándose en los estrechos espacios delimitados por sus murallas y con un sentido estratégico evidente de vigilancia entre el centro peninsular y el Levante y entre este y Andalucía.
       A mediados del siglo XIII se producirá un acontecimiento crucial para nuestra historia: la Reconquista de Chinchilla por los cristianos, por Pelayo Pérez Correa, comendador de Santiago, para el Rey Fernando III de Castilla; una nueva andadura se iniciará, pues, para estas tierras; todo ello en un momento en el que la sociedad occidental ofrece una evidente suavización de costumbres. Las ciudades se desarrollan y en lo religioso se ofrece una imagen de Cristo y de su Madre más cercana a los hombres, como nos refleja el arte gótico; buen ejemplo de ello será la bellísima figura, llena de la ternura de una madre, la Virgen de las Nieves, nuestra patrona, esculpida en alabastro en el siglo siguiente. En lo general, las ordenes mendicantes, la de San Francisco y la de Santo Domingo comienzan a extenderse por las diversas ciudades europeas.
       En estos primeros momentos debió existir una cierta convivencia en esta nueva Chinchilla, donde los cristianos se impondrán, pero la tradición musulmana, manifestada en los mudéjares, pervivía; se construirá la primera parroquia, san Salvador, donde hoy se sitúa San Julián, hecha por artífices musulmanes para cristianos. Como en otras localidades españolas habría también judíos. Todo en una aparente tranquilidad. Don Juan Manuel, el infante literato, era el señor de estas tierras en el paso al siglo XIV. Una centuria en la que Europa entera se verá azotada por gravísimas crisis: Guerras, hambres, pestes y muerte - los cuatro jinetes apocalípticos - lo que haría resurgir en el hombre el sentido de penitencia con carácter general. Algo parecido a lo que con anterioridad habría ocurrido con aquellos pasados terrores del año 1000. Al margen de lo puramente litúrgico, las ardientes palabras de exaltados predicadores invitaban de nuevo a la penitencia, siempre tomando como referencia la muerte de Cristo en la cruz.
       En estos años del siglo XIV hemos de mencionar, para lo que a nosotros nos interesa, que en nuestra ciudad se habían establecido ya los frailes de Santo Domingo y y San Vicente, que recorrió tantos rincones de España, anduvo por nuestras calles en su labor predicadora y su púlpito se conservaba precisamente aquí en esta iglesia. Por otra parte, quien sabe si el origen remoto de nuestra Pasión cantada, con ese sentido monódico que ha llegado a nuestros días, habría que buscarlo a estas fechas medievales, aunque evidentemente la letra debe ser muy posterior. Un último dato de este siglo, en 1375 , la villa de Albacete se segregaba del término de Chinchilla.
       El paso a la Edad Moderna vendrá a fines del siglo XV, con los Reyes Católicos, se toma Granada y se descubre América. La nobleza queda sometida a la Corona y Chinchilla que hasta entonces habría sido del Marqués de Villena pasa a depender directamente de los Reyes. Hay una estabilidad política y una clara estratificación social en estamentos. Son los inicios del Renacimiento: el hombre se convierte en el centro,
frente a la época medieval en que Dios es el centro de todo, de todas las cosas; no obstante la religiosidad y el misticismo que se arrastraba a lo largo de la Baja edad Media, desde la línea Franciscana a la obra de Tomás de Kempis, resurgirá en actitudes críticas en un nuevo concepto de lo religioso que culminará en las reformas religiosas del siglo XVI, con el Protestantismo, por una parte, y la Contrarreforma o Reforma Católica, por otra que se enfrenta a la primera y se define plenamente en el Concilio de Trento (1545-1563). Es precisamente, en este momento cuando España, país defensor a ultranza de Roma, sistematiza las celebraciones de la Semana Santa, a veces al margen de lo estrictamente litúrgico.
       Mientras, Chinchilla intentaba mantener su preponderancia de Ciudad en toda la comarca, pero su carácter estratégico medieval lo había perdido y Albacete, con más fáciles accesos, crecía a costa de su vieja población matriz; no obstante se intentaban auténticos programas de renovación monumental y el más espectacular y soberbio, que no pudo culminarse, será la sustitución de esta parroquia de Santa María, gótica y mudéjar, por una nueva fábrica "a lo romano", renacentista, hoy espléndidamente restaurada, obra del arquitecto Jerónimo Quijano, maestro mayor del Obispado de Cartagena, quien en 1540 comenzó a levantar este grandioso ábside y capilla mayor en lo que prometía ser una de las más espectaculares iglesias españolas, pero el proyecto quedó truncado, como también quedó paralizada la idea de convertir esta iglesia en Colegiata y aún en Catedral.
       Las ideas de Contrarreforma y de todo lo surgido en el Concilio de Trento, se materializarán a finales del siglo XVI, pero fundamentalmente, en los siglos del Barroco en el XVII y XVIII. Se quiere ensalzar, precisamente, el valor de la Redención y el papel desempeñado por la Virgen María, para lo cual se ha de llegar a lo más profundo del sentimiento humano, ya través de los sentidos, que han de quedar suspensos antelo que se manifiesta; y así se ofrece un repertorio de formas estéticas llenas de veracidad, con una adecuada puesta en escena, tan profunda que hoy, que no nos maravillamos de nada, todavía es capaz de sobrecogernos y emocionamos.
       Las bozainas, con su destemplado sonido, nos advierten y nos llaman, ya durante la Cuaresma, en las noches frías de las últimas semanas del invierno a seguir los pasos de la muerte de Jesús. Por fin llega la primavera y la primera luna llena, entonces la calle se hace protagonista y lo que en el interior de los templos se dice con palabras, en el exterior se manifiesta directamente con imágenes, cuanto más veraces mejor 
ciudades como la nuestra, de calles estrechas ya veces empinadas, con casas con fachadas llenas de detalles artísticos, son las ideales para acentuar , todavía más el mensaje que se nos quiere transmitir a través de las imágenes; donde el realismo patético de la Pasión se ofrece ante nuestros ojos acompañado de la música, de los olores de primavera y del incienso. En el día, esta puesta en escena se acentúa y la vemos en la procesión del Encuentro, en la mañana del Viernes Santo; la teatralidad llega a más, como corresponde en el Barroco, y el canto monódico de la Pasión va narrando lo que las imágenes quieren mostramos: El Nazareno, San Juan, la Verónica, la Virgen de los Dolores y el Crucificado. Todo es una llamada a nuestros sentimientos que nos conduce ala idea de la dureza de la Redención ya la fragilidad del genero humano. Precisamente uno de los aspectos del Barroco y de la sociedad española de la época es la importancia que adquiere la figura del Crucificado, cantado por los místicos y literatos; y aquí, quiero recordar unos versos anónimos que aparecieron escritos en la pared de un viejo edificio de Albacete, la antigua posada del Rosario, que un desconocido escribió con carboncillo y que es un fragmento de un soneto que refleja perfectamente los sentimientos, ya popularizados de una época, dice así:

"Cuando os veo, mi Dios, de amor herido
y por mi culpa en una cruz clavado,
siento, señor, el haberos ofendido
y lo que redimirse os ha costado..."

       Si la figura del crucificado ofrece una especial importancia en el desarrollo de la Pasión, aquí recientemente recuperado con la preciosa talla del Cristo de la Misericordia, el contrapunto está en la imagen de María, ya sea de los Dolores o de la Soledad que, en nuestro caso, y en la primera de ellas, ofrece un aspecto cuya referencia iconográfica hay que buscarla en la famosa Dolorosa de Salzillo, de la Semana Santa murciana y es lógico que esa influencia haya llegado a nosotros por las especiales vinculaciones que siempre tuvimos con aquella ciudad hermana del Segura.
       Si en el día, la procesión del Encuentro y la Pasión es lo importante, en la tarde-noche del Viernes Santo es la del Entierro donde la puesta en escena de Cristo muerto y la Soledad son los protagonistas, siempre en el incomparable marco de nuestras calles, estrechas, angostas y con el especial misterio añadido de la noche primaveral, en luna llena y las imágenes a hombros de los penitentes.
       Efectivamente, nuestras cofradías penitenciales tienen un origen que se remonta a estos momentos históricos a los que nos estamos refiriendo, a finales del siglo XVI y principios del XVII, como nos describen Placida Ballesteros y Joaquín Molina, entre ellas hemos de mencionar a la Cofradía de la Preciosísima Sangre que por su propia advocación tiene un marcado carácter Eucarístico, de ahí su vela ante el Monumento de Jueves Santo y probablemente debió desempeñar su papel en las procesiones del Corpus Christi, otra de las grandes celebraciones españolas. Otro punto a destacar es la pervivencia en el tiempo de la Hermandad de los Apóstoles, con finalidades parecidas, incluso en las funciones litúrgicas.
       En el siglo XVIII nuestra Semana Mayor se enriqueció con nuevos pasos, los que en Andalucía se les llama "de Misterio", hoy lamentablemente perdidos: la Oración en el Huerto y el Prendimiento,y que nos deberíamos plantear su recuperación, aunque sea su costoso, pero puede ser un legado para futuras generaciones.
       Las procesiones, en los inicios de la época Contemporánea, sufrieron una serie de cambios, condicionados por las circunstancias históricas en todas las ciudades españolas y tendrá, lógicamente, en Chinchilla. Se desarrolla el liberalismo y se producen las Desamortizaciones. Hay un nuevo modo de entender la Religión y la religiosidad, la nobleza y el clero que habían desempeñado un papel preponderante en la sociedad, se
ven desplazados por una burguesía, aunque en las pequeñas localidades siguieron teniendo un evidente influjo.
       A partir del último cuarto del siglo XIX, con la Restauración, quizá se produjo un resurgir de los sentimientos religiosos, sabemos que en Chinchilla se incorporó a las celebraciones procesionales la del Resucitado con el Encuentro en la mañana del Domingo. Esta línea, quizá un tanto lánguida, pervivió hasta los años treinta de nuestro siglo. Después vino la trágica guerra civil y las lamentables pérdidas de vidas y de obras artísticas.
       La posguerra, tan dura, y con una serie de circunstancias sociológicas, quiso revitalizar las tradiciones religiosas en una tarea difícil y costosa. Se encargaron nuevas imágenes a veces con más voluntad que calidad artística, todo ello en tomo a los años cincuenta.
       Las generaciones de personas se fueron sucediendo y se va imponiendo una nueva concepción más laica de la sociedad, a la vez hay nuevas directrices religiosas emanadas del Concilio Vaticano II y parece generalizarse un distanciamiento entre las manifestaciones populares que parecían no sostenerse y las autoridades eclesiásticas; y se evidencia en muchos lugares una crisis abierta que hizo peligrar, en muchos casos, las tradicionales procesiones en tomo a los años setenta.
       Es curioso el hecho, no solo aplicable a Chinchilla o a Albacete, sino ala totalidad de las localidades españolas, de que en los últimos veinte años o quizá menos, una vez asentada la democracia en España se ha ido produciendo una verdadera recuperación de numerosas formas tradicionales con el pueblo por protagonista; a veces con la incomprensión de los responsables religiosos o políticos, todo con una total espontaneidad. Se han fundado nuevas cofradías, se han encargado nuevas imágenes y la participación masiva del pueblo ha recuperado las procesiones, cuando parecía que estaban abocadas a su desaparición. Es bueno que recuperemos lo que es un legado histórico, pues es una forma de salvar nuestra memoria y nuestro protagonismo en la Historia. Quizá, como siempre, hay un componente económico. Hoy, a Dios gracias, vivimos mejor, y entre otras cosas rescatamos nuestra identidad, que pasa, precisamente, por lo que hemos sido, por nuestras tradiciones, y nuestro pueblo, Chinchilla, es un buen ejemplo. Nuestro ciclo anual pasa desde el Belén, ya tradicional que empezó a instalarse en una capilla de esta parroquia y que hoy deberíamos buscarle un nuevo marco para recuperar en toda su monumentalidad esa iglesia mudéjar de Santo Domingo, obra del siglo XIV , que es la más antigua de nuestra provincia. Después viene la fiesta de san Antón, en tomo a su ermita barroca, como un lugar de convivencia y de encuentros. Más adelante, y como una culminación del carnaval, que tanta importancia tiene en tantos lugares, llega el miércoles de ceniza y nuestro pueblo de transforma merced a esos muñecos llenos de ingenio, gracia y desenfado que año tras año van mejorándose, y aquí tengo que hacer un inciso para recordar esa fuente de la plaza recuperada por unas horas, pero que entre todos deberíamos esforzamos para su verdadera reconstrucción, ya que fue algo nuestro que estuvo y que podía volver estar , pues no creo que fuera demasiado costoso y se recuperaría para siempre un aspecto más de la identidad de lo nuestro.
       Llega ya la Cuaresma, las bozainas, hoy renovadas, llaman nuestra atención con su destemplado sonido, advirtiendo de la llegada de la Semana Santa que por todas las razones ya expuestas debe ser reconocida oficialmente como de interés turístico en nuestra región.
       Ese entusiasmo, que ya tenemos todos los chinchillanos por lo nuestro y que debemos dar a conocer a los demás, se manifiesta por las constantes mejoras que cada año se llevan a cabo, este año por la novedad de la recuperación para los desfiles procesionales de una nueva imagen de Santa María Magdalena, obra del escultor hellinero José Zamorano, que debe ser el inicio de la ampliación y mejora de nuestra imaginería, con la advertencia de que tenemos que tener presente que es más importante la calidad que podemos legar a nuestros descendientes que la cantidad, y que podríamos planteamos para años sucesivos, hasta convertir toda la imaginería en una buena colección artística.
       En este recorrido anual llegamos a Mayo y la Soldadesca nos anuncia las fiestas en honor a nuestra patrona la Virgen de las Nieves, "la Chiquitica", quizá una de las más bellas imágenes de María de toda la región y que tuvimos el privilegio de estudiar detenidamente, junto con Alfonso Santamaría, hace ya más de veinte años, cuando era párroco Don Victoriano Navarro y que hoy podemos venerar en toda su calidad artística. Quiero advertir aquí que el culto y la devoción a la Virgen de las Nieves por parte del pueblo de Chinchilla corrió casi parejo al que en Albacete se comenzó a rendir a la Virgen de los Llanos y es que las devociones marianas, como de todos es sabido, arraigaron y arraigan profundamente en España, como es la inclinación de todos hacia las celebraciones de Semana Santa, que no solo ha de reducirse a un acto de piedad sino que ha de tener también una dimensión de solidaridad hacia aquellas personas y pueblos más desfavorecidos que hoy viven las tragedias de las catástrofes, la violencia, la explotación y aquí quiero recordar a esos niños famélicos de Etiopía, un país de los más antiguos del mundo con lo que hay que compartir lo que a nosotros nos sobra.
Después de todas estas consideraciones y porque los pregones deben ajustarse a unas normas, debo decir que" se hace saber a todos los vecinos de Chinchilla ya toda gente de bien que ha llegado el tiempo de la Semana Santa. Venid a participar".

Gracias.

Luis Guillermo García-Saúco Beléndez